En varias ocasiones, me he perdido el final del año. No se como, pero soy un especialista en llegar tarde o simplemente no llegar. Lo que explico en este microrrelato sucedió a media mañana, un treinta y uno de diciembre….
No lo pude resistir. Tanta prohibición solo sirvió para incitarme a entrar. Dentro me esperaba ella. Una tremenda mulata con los brazos abiertos. Fue una historia tan increíble que siempre que se la he explicado a mis amigos, nunca me han creído. No me importa. Yo la sigo contando.
Ella, me hizo muy feliz en los dos días que estuvimos encerrados en su casa. Cuarenta y ocho horas de pasión. Lujuria y desenfreno.
Desinhibidos por completo del que dirán, dejamos volar la imaginación en las posturas amatorias más increíbles. Aquellas soñadas pero irrealizables por cantidad de perjuicios sociales que aun mantienen a nuestras mentes prisioneras de nuestros propios miedos.
Sara me liberó de tanta tontería y majadería. Me dijo…
.-Déjame hacer…
Me dejé… Y vaya si lo hizo.
“Microrrelatos”
