Dormir es un acto que todos podemos realizar mas o menos sin grandes dificultades. Por regla general, enfermedades aparte suele ser así. La siesta es lo máximo según me han comentado aquellos que la siguen practicando después de muchos años.
Los nuevos acólitos captados para venerar a tal religión, dicen lo mismo. Ya no pueden vivir sin ella. Están enganchados y sin su ejecución, se altera el carácter y el mal humor se apodera de uno. Yo afortunadamente no he sido captado hasta la fecha. Puedo decir que no hago la siesta. Creo no haberla hecho nunca. Pero viendo a este perro abandonado, en los brazos de Morfeo -mas o menos a las tres de la tarde-, me dieron unas ganas locas de tumbarme a su lado y caer en esa tentación sin preocuparme ni un ápice del que pudieran o pudiesen decir al respecto quienes me vieran retozar oníricamente perdido en algún sueño, reparador, a la vez seductor.
Por eso, cuando encontré a este perro que por su fiera apariencia debía tener un buen puñado de genes de algún “doberman” a sus espaldas, opte por llamarlo “siesta”.
“Dogs of the world”
Copyright © By Jan Puerta 2008
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