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martes, 4 de mayo de 2010

De apellido, Ferrada…

Algunas personas son tan especiales que todo lo que hacen parece anormal.

Cuando conocí a Raúl Ferrada, me sorprendió el grado de conocimiento que tenía sobre muchas aspectos, donde el tecnicismo de sus materias, no lo hacían estar al alcance de todos con los que hablaba.
Su aspecto engaña. Es algo que suele pasar, a todos aquellos que no siguen las normas establecidas por la sociedad que los acoge. Esto es motivo de burla e incomprensión por parte de muchas de las personas que lo rodean. Algunos jóvenes, y otros no tanto, han perdido algunos de los valores, que en mi generación me enseñaron como parte fundamental de la formación como persona. El respeto hacia los demás, sean del color que sean, o defiendan las ideas que defiendan es fundamental, necesario e imprescindible para entender a las personas y comprender que nadie tiene la verdad absoluta sobre nada. Toda verdad, es siempre relativa.


Raúl Ferrada sufre una enfermedad que todos podemos llegar a padecer. Raúl tiene un grado de esquizofrenia que si pudiera medicarse, bien podría hacer una vida normal. Pero no dispone de medios económicos para comprar los medicamentos que necesita a diario. El sistema de salud no establece la gratuidad de los medicamentos. Y eso, hace que su vida se convierta en poco menos que un infierno, aunque él, no sea consciente de ello cuando tiene uno de los ataques, que suele sufrir.
En su época universitaria, sus notas eran las más altas. Su grado de comprensión y capacidad de análisis era fuera de lo normal. Hoy en día mantiene esa lucidez en ciertos momentos. La gente dice entre sonrisas que estudió demasiado, y eso le provocó su estado actual.
Personalmente he hablado de muchos temas con él. Siempre me sorprenden sus preguntas. Sus intentos de llegar más allá, de donde los “normales” llegan. Pero todo esto parece que no despierta ningún tipo de interés en quienes podrían ofrecerle un tratamiento para que al menos, tuviese una vida normal. Ciertas personas, son recuperables para la sociedad. Solo hay que proponérselo.
Lo malo, es que quienes toman las decisiones terminan por ser tan mediocres que no ven más allá de sus propias supuestas virtudes.
Que lastima amigo Ferrada. Que pena me dan los que no te comprenden…

Ayer lunes, me encontré casualmente con Raúl en la calle. Me pidió que le hiciese una fotografía. Estábamos delante de una entidad bancaria, así que sacó tres monedas de cien pesos del bolsillo de sus “tejanos”. Posó, como quien entra a depositar sus ahorros. Aparentando ser la persona normal que casi todos le niegan.
Tras los cristales, el guarda de seguridad no nos quitaba el ojo de encima, mientras se acariciaba su corbata reluciente de normalidad...


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“Haciendo amigos”
Copyright © By Jan Puerta 2009
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