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lunes, 2 de marzo de 2009

La sonrisa de Abel

Abel, mecánico de profesión


“Todo lo mecánico obedece a una lógica”

El viejo Mack de 1956 no arranca. En su caja, reposan casi 18.000 kilos de caña de azúcar. Raúl, el chofer esta preocupado. No sabe el alcance de la avería. Además se encuentra a una hora de camino del último lugar donde había cobertura. Me ofrezco a llevarlo. Resopla aliviado. Al hacerlo delata el favor que obtiene al evitar caminar sobre un sol abrasador hasta el lugar apropiado para poder llamar por teléfono a su mecánico de confianza. Durante buena parte del trayecto no para de maldecir su suerte. A unos tres kilómetros de la panamericana, el celular japonés indica una ralla de cobertura…
.- Abel, ¿me oyes? Estoy en Gariché. ¡No me arranca el Mack! En el campo seis. Por favor… ¡ven lo entes posible¡
Cierra la tapa del celular y me comenta…
.- En una hora estará aquí. Abel es mi mecánico desde hace veinte años. ¡Es bueno!
Sigue hablando y me explica que compró hace años el viejo camión a un Yanki que los exportaba directamente de USA.
.- Aquí en Panamá tener un Mack, aunque sea viejo es tener un Mack. El mejor camión del mundo.



Esperamos la llegada de Abel mientras toda la cadena de producción se había paralizado. Los cortadores, mientras esperan acontecimientos, afilan sus machetes. Descansan bajo la única sombra del único árbol frondoso que queda. Todos terminan cortados y su madera malvendida a listos especuladores que con un billete de veinte dólares compran viejos árboles de más de noventa años. Troncos de tres metros de diámetro como mínimo y una altura cercana a los diez pisos.
Una vez el terreno sin estos pequeños monstruos arbóreos, se procede a limpiar las extensiones de terreno para plantar caña. En principio, su producción es para elaborar azúcar y ron.
No había pasado ni una hora cuándo un destartalado cuatro por cuatro aparece por el camino. Es Abel. El mecánico que siempre sonríe. -Me dicen- .
.- Abel, amigo… No me arranca.
Abel sube a la cabina y se acomoda en el asiento. Gira la llave y el ruido renqueante le da una pequeña idea del problema del equipo. Mientras baja, saca un grasiento pañuelo, del bolsillo trasero de sus desgastados jeans y con el, se friega las manos al tiempo que abre el habitáculo donde el viejo motor de doce cilindros se niega a ponerse en marcha.
.- ¿Que tiene? Le pregunta Raúl con cara de preocupación.
Todos los trabajadores, indígenas de la etnia Gnobe Buglé observan con gran escepticismo todo lo que sucede. No se ponen nerviosos a pesar de saber que si no trabajan, no cobraran…
.- Es el carburador. Pero no te preocupes. Podrás descargar tu carga esta misma tarde en el “ingenio”. (1)
Abel, ayudado de un alambre de espino, la tapa metálica de un bote de “guandú” (2) y la experiencia acumulada durante años al solucionar problemas mecánicos con la imaginación y nunca sustituyendo las piezas -a menos que fuese estrictamente necesario- consigue poner el marcha el viejo mastodonte americano. Su cabina empieza a temblar mientras los pistones comprimen la fuerza que se esconde bajo su poderoso motor…
.- ¡Acelera! ¡Acelera! –Grita Abel-
Raúl sigue presionando el acelerador a intervalos y la chimenea del Mack rojo, escupe humo negro formando una columna oscura que se eleva rápidamente hacia el cielo azul, teniéndolo de una nube artificial de monóxido de carbono. El rugir mecánico rompe el silencio reinante.
Raúl habla con el jefe de la cuadrilla. Este hace que los operarios, machete en mano, se dirijan a las hileras de caña para seguir cortando. Si no hay novedad el camión regresará en unas tres o cuatro horas. Tiempo suficiente para cortar la caña necesaria para llenar su caja por tercera vez hoy. Con un poco de fortuna, solo habrá perdido un viaje.
Se despiden y quedan a media tarde en su taller.
Hablo con Abel mientras recoge las herramientas. Las limpia con el mismo pañuelo con el que de vez en cuando se frota las manos.
.- De pequeño tenía muy claro que quería ser. ¡Mecánico!
Era feliz ayudando a su padre a reparar todo tipo de artilugios mecánicos. Desde una “juguera” (3) hasta el motor de un tractor…
.- Mi padre, solía decir que todo lo mecánico obedece a una lógica. Si descubres cual es, sabrás su funcionamiento. Y cuando lo sabes, si no funciona puedes arreglarlo.
Me mira fijamente y me pregunta…
.- ¿me entiende?
.- Si.
Sigue hablando en esta conversación totalmente improvisada…
.- ¿Sabe? Mi padre, compró al ejército americano en la base que tenía en la capital, un viejo Opel Blitz montado en Alemania en plena II guerra mundial con motor fabricado por Chevrolet, en Estados Unidos.
.- Ah, y… ¿funcionaba?
.- No. Los mecánicos militares no sabían arreglarlo. Lo compré por cinco dólares.
.- Para chatarra, ¿Supongo?
.- ¡No! Por Dios… ¡Para arreglarlo!
.- Ah… ¿Y lo arreglo?
.- Si. Le costó más de tres meses. Desmontó todo el motor. Pieza a pieza. Sin manual ni nada. Solo aplicando la lógica. Yo lo ayudé. –Me dice orgulloso- Aun recuerdo el rugir de su motor cuando me subí a la cabina y mi padre me dijo… Arráncalo.
.- Y claro, arranco.
.- Claro que si.
Una vez sentado en el cuatro por cuatro me dio la mano y se alejó con la mente en la pieza que necesitaba para reparar el carburador del Mack. Un viejo modelo de cabina larga fabricado en 1956. Cincuenta y dos años después seguía funcionando y devorando kilómetros. Gracias entre otras cosas a las manos de Abel y la lógica heredada de su padre.

(1) Ingenio: En Centroamérica es la planta donde se elabora el azúcar o el ron.

(2) Guandu: En Centroamérica es una Legumbre parecida al guisante. En las clases mas bajas se considera casi un lujo el poderlo incorporar a su dieta. En navidad, suele ser muy típico comer arroz hervido con guando.

(3) Juguera: Pequeño electrodoméstico para hacer jugo de frutas o verduras.

“Haciendo amigos”
Copyright © By Jan Puerta 2008
Texto y fotografías con copyride del autor.

4 comentarios:

  1. En los lugares donde escasean tantas cosas, tener algo así es todo un lujo¡¡;)..

    BESOOOSSSSS¡¡¡

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  2. Bonitas historias las que nos cuentas Jan, pero a medida que he ido leyéndola, he deseado ver algunas escenas descritas en tu relato, como si el retrato de Abel el que siempre ríe no fuese suficiente como para ilustrar esta historia.

    Saludos.

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Apreciados amigos…
La gestión del tiempo es uno de mis problemas. En la medida de lo posible, contestaré vuestros comentarios.
Un abrazo