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lunes, 26 de abril de 2010

Cortar

Cortar por lo sano
Detrás de tanta palabrería solo existe la justificación de cercenar legalmente, ya sea un discurso de la oposición o el miembro con gangrena de quien lo porte. Cortemos sin más.

Sol apagado, final de su reinado…
El sol fue apagándose descaradamente hasta convertirse en un amasijo de herrumbre y dentelladas uniformes. La sequia que provocó su lenta agonía no hizo nada más que confirmar que incluso cien millones de años es una cifra efímera cuando hablamos del universo.

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"Pensamientos con imagen"

Copyright © By Jan Puerta 2009
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domingo, 17 de enero de 2010

Juego de formas II

Capítulo VI
El juego de las formas II


Don Alberto, seguía buscando a su alrededor cualquier detalle, que después de analizarlo le pudiera parecer un buen motivo para hacer una fotografía…
.- Es complicado esto de buscar algo que te guste, ¿no?
.- No hay que buscar, solo hay que estar alerta. Las cosas, suceden aunque nosotros no queramos.
.- Ah…
Con un gento entre contrariado por lo que acaba de escuchar y sorprendido por no entender muy bien lo escuchado, me dijo…
.- ¿Se acuerda de aquellas ventanas tan especiales que fotografió el día que nos conocimos?
.- Pues sí. Me acuerdo.
.- Ahora le enseñare un galpón convertido en taller que tiene una forma muy rara. Yo por aquí no he visto ningún otro igual o parecido.
Y hacia allí nos dirigimos. Nada más entrar en la calle, a media cuadra (1) me preguntó si veía algún edificio en ella que me gustase.
.- Desde aquí me llama la atención esa mezcla de ladrillo rojo, con esos frontales de chapa y esa forma tan especial que tiene la cristalera.
.- Eso mismo me dije yo. Este galpón... le va a gusta a Jan.
.- Pues no le falta razón.
Su rostro en ese momento expresaba una gran satisfacción.
.- Vamos a verlo de frente.



Le dije, mientras al acercarme, me gustaba el juego de las formas que veía. Es realmente curioso, el cómo puede cambiar un anodino proyecto de nave industrial con un poco de imaginación, o simplemente rompiendo algunas normas sin que estas afecten para nada a la seguridad del edificio en sí. En demasiadas ocasiones, las empresas se ubican en edificios carentes de personalidad. Colores grises que adormecen las ganas y la alegría con la que uno debe de ir a trabajar. Algunas fábricas, son el extremo opuesto y sus excesos de colores, dibujos o simplemente sus extrañas formas, le desconcentran a uno.
Esta singular nave industrial tiene la luz como protagonista. Esa gran obertura acristalada permite tener como complemento la luz natural como eje primordial de una jornada de trabajo. En esas circunstancias incluso el trabajo se hace más llevadero.
Encontrar la justa medida es muy complicado.
Don Alberto, miraba mis gestos al encuadrar. Deje que se alejaran unas personas que pasaban por la misma acera. Prefería hacer la fotografía centrando la acción en la forma inerte del edificio. En sus líneas. En sus detalles. No quise darle la vida que le ofrece en movimiento casi borroso, de unas personas caminando delante. No lo creí necesario para esta ocasión.
.- Le felicito Don Alberto. Ha elegido usted un elemento arquitectónico que me gusta mucho.
.- ¿Sabe?... le tengo otra sorpresa para fotografiar hoy mismo.
Empezamos a caminar. El día se presentaba interesante...

(1) Cuadra: Lo que en Europa y Estados Unidos se denomina una Manzana como delimitación de cuatro calles, en Centro y Sudamérica se denomina Cuadra.

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Cien pasos urbanos
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miércoles, 6 de enero de 2010

La humildad del plasma

Cien pasos urbanos
Capítulo V

Don Alberto a través de su nieto, me envió una “carta moderna” donde me comentaba que había pasado estos días caminado por su barrio. Le parecía haber encontrado algún que otro rincón interesante. Así que, si me parecía bien, nos podíamos ver el miércoles.
Le contesté afirmativamente. A primera hora del miércoles nos encontramos en la plaza de siempre. Primero nos tomamos un café en uno de los puestos ambulantes. Un café de esos solubles de una buena marca, cuesta unos 250 pesos. El mismo en una cafetería que presume de lujo, cobra 1800 pesos. La diferencia, quizás radique en la comodidad de la silla, cosa que no siempre ocurre. En cuanto al trato y al servicio, es mucho mejor el de 250 pesos por tener menos artificios. Además ayudas a quien se busca la vida sin hacer daño a los demás.
Don Alberto estaba entusiasmado y con unas ganas locas de mostrarme lo visto. Lo tuve que calmar un poco, aunque la verdad, yo también tenía muchas ganas de ver esos detalles.
Mientras caminábamos, yo seguía con mi particular visión de mi entorno. Así se lo hice saber…
.- Fíjese Don Alberto. ¿Ve usted a ese señor que se acerca con el triciclo?
.- Si claro. Lo veo.
.- Voy a fotografiarlo y después le cuento.



Así que me adelanté un momento, y me situé delante de una vieja casa de madera. Espere a tenerlo delante y apreté el disparador. Entonces le pregunté a Don Alberto si se había fijado en algún detalle sobre la composición que había querido plasmar en una imagen.
.- Pues no sé muy bien. Quizás lo antiguo de la casa con el viejo triciclo. No sé.
Le enseñé en el visor de la cámara, remarcándole que leyera el rotulo de la caja de cartón que llevaba esa bicicleta de tres ruedas, tan comúnmente usada en Centro y Suramérica como autentico vehículo de trasporte y de trabajo.
.- Plasma. Eso es lo que pone.
.- Así es. ¡Plasma! Y ahí está la gracia de la imagen en sí.
.- Pues no le entiendo, me dijo contrariado.
.- Fíjese Don Alberto, la casa es vieja y seguramente centenaria. Las cortinas, la humildad que respira la imagen en sí. El triciclo, no es ni nuevo ni último modelo. El barrio es de gente trabajadora. Pero la caja es de un televisor con pantalla de plasma. Y eso es moderno y a nivel social, indica buena posición de quien lo disfruta.
.- ¡Ah! ¡Caché! (1)
.- Son pequeños detalles que hacen hablar a una fotografía.
.- Uf… no sé si yo seré capaz de ver esas sutilezas.
.- A lo mejor no ve estos detalles, pero ve otros y esos también son importantes.
.- Bueno, a cada cual lo suyo. Pero a partir de hoy me voy a fijar más si cabe.
Mientras seguíamos caminando, que su mirada, se mostraba inquieta y los ojos, no paraban de girar buscando cualquier pequeño detalle mientras nos acercábamos al primer espacio que me quería mostrar.

Continuara…

(1) Caché. Coloquialmente en Chile: Entendí. Comprendí.

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ectoplasma casi metafísico

Cien pasos urbanos
Capítulo IV
Ectoplasma casi metafísico


En poco más de cuarenta minutos había realizado tres fotografías y había incorporado a mi locura diaria a un personaje que se encontraba feliz por lo que estaba viviendo…
.- Parece usted contento Don Alberto
.- No le voy a decir que no lo estoy. Esta mañana, pensé que el día volvería a ser como todos. Y eso no me hacia estar contento precisamente.
.- Todos los días pueden ser diferentes, ¿no cree?
.- No sé qué decirle. Lo que sí está claro, es que cuando lo vi fotografiar aquellas ventanas, todo cambio radicalmente.
.- Sepa usted, que haberlo encontrado es también un motivo de alegría por mi parte.
Mientras caminábamos, nos íbamos conociendo a través de pequeños detalles. Pero a menos de un centenar de metros de la vieja estructura de madera con techo de lata, me empezó a contar de su descubrimiento…
.- Una mañana, me encontraba apurado con unas ganas de hacer pis que no sabía cómo contenerlas…
.- ¿No podía entrar en un baño público o en el de un bar?
.- Aquí, se paga. Y pagar doscientos pesos o trescientos, es el coste de tomarse un café o un té en los puestos de la plaza.
.- Ah… entiendo, puestos a elegir. Y que hizo entonces…
.- Había visto que otros se habían colado en las viejas instalaciones para orinar. Así que hice lo mismo. Al terminar quise “intrusear” (1) un poco y me sentí observado.
.- Caray. ¿Había alguien más?
.- No exactamente. El caso es que notaba como una presencia extraña. Algo difícil de explicar.
.- ¿Como… una sensación?
.- Mas o menos.
.- Pero mejor que entremos juntos y me dice usted si siente lo mismo.
.- Pues entremos a ver qué pasa.



Reconozco que no soy nada susceptible por lo que se cuenta. Es más, soy escéptico por naturaleza. Más o menos como Santo Tomás… “Si no lo veo no lo creo”.
Antes de entrar en el viejo cobertizo Don Alberto me comento que desde que nos habíamos conocido, su memoria le traía constantemente detalles de su barrio. Pasadizos, escaleras, casas estrechas, casas centenarias de madera. Y que mañana no podría enseñármelas, pero para el día siguiente me tendría una pequeña ruta de descubrimientos.
.- Pues nada amigo. Los veremos juntos. Pero antes vamos a enfrentarnos con este misterio.
Una vez dentro, me enseño el lugar donde empezó a sentirse como incomodo. Y os puedo asegurar, que en un principio también sentí cierta sensación de estar bajo los efectos de una mirada muy profunda. Como esas clásicas de los hipnotizadores. Entonces descubrí un contorno en la pared. Realmente era sorprendente el efecto que causaba.
.- Esa silueta… asusta.
.- Pues tiene usted más razón que un santo.
Al acercarnos, y observarla con más cuidado, no supimos discernir el origen de la misma. La figura tiene la misma envergadura que una persona adulta, con una estatura sobre el metro setenta. Todo son suposiciones, pero al alejarnos, le dimos una última mirada y nos pareció ver al mismísimo “Diablo” riéndose de nuestra incredulidad. Desde ese día, Don Alberto no ha vuelto a desprenderse de sus aguas menores a menos de que sea campo abierto por si hay que salir por piernas. Y yo, pues no sé. Sigo como santo Tomás. Pero la imagen me deja lleno de dudas, por aquello que dicen que una imagen y más si la hace uno mismo, vale más que mil palabras.
Al salir, me despedí de Don Alberto y quedamos en vernos en cualquier momento.

Continuara…
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Cien pasos urbanos
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martes, 29 de diciembre de 2009

El gato, tras la cortina, sobre la alfajía

Cien pasos urbanos

Capítulo III
Efectivamente, había un gato en la ventana


.- Para que me entienda mejor, tenemos que cruzar la calle y situarnos en la acera de enfrente.
Alberto, mostrando una buena disposición, se dispuso a cruzarla conmigo. Una vez delante de la casa de las tres tumbonas -no mecedoras, como bien apunta mi querido amigo, Luis Calle en un comentario del segundo capítulo- le pregunté si veía bien el tejado y la chimenea…
.- Bien, lo que se dice bien, no lo veo.
.- ¿Y sabe por qué?
.- Me molesta el sol.
.- Así es Don Pedro, estamos a contraluz. Y ese detalle nos condiciona para hacer ciertas fotografías. Por eso decidí centrarme en el jardín de la casa.
.- Ah claro… estos detalles a uno se le escapan y después salen las fotos como salen.
.- Sabe, a mí a veces también me salen fotografías oscuras o con demasiada luz. Pero no se lo diga a nadie.
.- Me toma usted el poco pelo que me queda.
Alberto me recordó que los gatos no suelen permanecer durante mucho tiempo en el mismo lugar porqué una inquietud interior los hace moverse constantemente…
.- A menos que duerman, claro.

Apostilló con acierto. Seguimos caminado bajo la influencia de una amena conversación. Cruzamos la confluencia que nos separaba de la tercera cuadra, cuando Alberto me comentó que en esa intersección había un detalle en una pared, muy inquietante, pero que primero fuésemos a capturar con la cámara al felino domestico.
Dejé que el caminase delante. Lo hacía despacio con unos leves bisbisbisbis, bisbisbisbis para atraer la atención del gato. Mientras tanto, me abrí hasta bajar de la acera y situarme en una diagonal que me parecía oportuna para conseguir una buena toma del minino. Sin duda el poco tráfico y la ausencia de vehículos aparcados, me permitió hacer esta fotografía.
Alberto estaba satisfecho al verme contento por la imagen conseguida…
.- Un poco mas y el miau este se nos esconde.
.- Tiene usted razón amigo. ¿Sabe?
.- Dígame.
.- Acabo de hace una fotografía inesperada. Ahora dependerá de mis lectores que la juzguen y emitan su comentario pertinente.
.- Les gustará. ¡Seguro!
.- Ya le contare.
Mientras nos dirigíamos hacia el nuevo encuentro visual, acordamos salir en el futuro en algunas fechas que ya concretaríamos. Alberto, en su casa tenía teléfono de red fija y sabiendo que se acostaba tarde, me permitía poder llamarlo cuando yo llegase a la mía, sabiendo que no lo importunaría mi llamada. Pero eso sería para futuros encuentros. De momento me dejé llevar hacia ese punto donde la inquietud anidaba en la pared de un viajo galpón en desuso…

Continuara…

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lunes, 28 de diciembre de 2009

Quietud

Capítulo II
Mecedoras en silecio
Empezamos a caminar no sin antes las presentaciones de rigor…
.-Por cierto, me llamo Jan.
Le dije al mismo tiempo que me cambiaba la máquina de la mano derecha a la izquierda y extendía el brazo para estrechar ambas manos…
.- Alberto. Un placer en conocerlo.
No fueron dos cuadras, sino tres. Pero entre la primera y la segunda, la inquietud de mis ojos me llevó a otro de esos encuadres que considero tan fascinantes. Un detalle más de lo que nos puede ofrecer el entorno urbano solo con dejar que la mirada domine nuestra motricidad.
.- Permítame un momento, que aquí veo otra posible fotografía.
Mi nuevo amigo Alberto se situó a mi espalda, con el ánimo de no molestar. Observaba con atención mis movimientos. La cámara aun permanecía en una posición de letargo momentáneo, esperando su momento. Abrí uno de los bolsillos del chaleco y saqué el nuevo fotómetro. Con esas ultimas correcciones de luz, obtendría el contraste necesario.
En el cielo, los intervalos de las nubes propulsadas por una leve brisa, me permitían unos cuarenta segundos sin sombras, al ocultarse el sol tras los cúmulos densos que parecían bailar sobre nuestras cabezas.



Entonces busqué el encuadre adecuado y dejándome llevar por ese instinto creativo que a veces nos domina, jugué con las líneas para definir bien toda la composición de la imagen.
Una vez capturada la imagen, Se la mostré, a través del visor a Alberto.
.- ¿Qué le parece?
Empezó a observar la imagen, y levantando la cabeza, buscaba los detalles mientras susurraba levemente…
.- Pues ahí están los tres balancines… pero aquí parece que se ven mejor.
En esto, se quedó en silencio y observando por varias ocasiones la imagen y la realidad me dijo…
.- Pero… ¿Usted no ha fotografiado ni la chimenea ni el tejado? ¿Acaso no se ha dado cuenta?
:- Si que lo tuve en cuenta. Pero caminemos no sea que el gato se canse de estar sobre la alfajía de la ventana y se vaya.
.- Tiene usted más razón que un santo.
Y con este refrán, seguimos caminando en pos de recorrer la cuadra y media que nos separaba de nuestro próximo objetivo.
.- Mientras andamos, le explico la principal razón por la cual no he fotografiado ni el tejado ni la abultada chimenea…
.- Cuente, cuente que me tiene en ascuas…

Continuara…

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domingo, 27 de diciembre de 2009

El juego de las formas

Cierta mañana, una persona se interesó del porque estaba fotografiando la imagen que hoy presento. Esa conversación dio forma a un pequeño relato de fotografía urbana. Con el recorrí su barrio y realice cien fotografías. Cada una de ellas suscitó una conversación. Un intercambio entre uno que pasaba por allí y otro que vivía cerca.
Así empezaron estos “Cien pasos urbanos”

Capítulo I
"Dos ventanas diferentes"

.- Perdone señor, ¿por qué fotografía esta ventana?
Una pregunta que en más de una ocasión se vuelve incomoda por lo complejo de la respuesta teniendo en cuenta el personaje que nos la formula.
Hacernos entender suele ser complicado. A veces, no hay una explicación lógica sobre el porqué. Solo una necesidad interior que nos lleva a plantarnos delante de un entorno que nos llama la atención como si fuésemos sometidos a los cantos lastimeros de una sirena enamorada de nuestra sensibilidad.



.- Me gusta las formas que tienen. Son originales.
.- Ahora que me fijo, diferentes sí que lo son.
.- Es la primera vez que veo unas ventanas con esa forma.
.- Y… ¿eso le llama la atención?
.- Pues sí.
Le expliqué que había fotografiado muchas puertas y ventanas en mi vida. Pero que nunca hasta ahora, había tenido ante mi cámara esta composición. Le pregunte si el, había visto alguna otra ventana con esa forma…
.- Pues no sé. Puede ser. La verdad es que no me fijo en las ventanas a menos que haya un gato en la misma.
.- ¿Le gustan los gatos?
.- La verdad es que no. Pero cuando están en la ventana, uno no puede resistir la tentación de observarlos. ¿No cree?
.- visto así...
.- Mire, a dos cuadras de aquí, me fije en uno que estaba en una ventana. Seguro que usted lo hubiera fotografiado.
.- No le digo yo que no.
.- Acompáñeme. Creo que aun lo podrá usted fotografiar.
Como nunca le digo que no a lo improvisado, me dispuse a seguirlo…

Continuara…


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Cien pasos urbanos
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