En varias ocasiones había pasado delante de estos
dos portones y la decoración de las persianas metálicas me hacía soñar con una
especie de antro que ya quisiera tener Tarantino localizado para su próxima película.
Siempre las encontré cerradas hasta el pasado jueves.
Un taller donde nada parece estar en su sitio y
todo está donde su propietario lo busca. Un desorden ordenado en su memoria. No
sé lo que hace. Es uno de esos talleres a la vieja usanza con un exterior
decorado por las nuevas tendencias.
Las prisas no me dieron tiempo para más. Espero
llevarle una copia de la foto, y encontrar el tiempo necesario para entrar
dentro de ese submundo tan especial. Eso, si lo encuentro abierto, claro.
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